¿Es malo el streaming para el medio ambiente?

30 Jul ¿Es malo el streaming para el medio ambiente?

La consolidación de Internet como medio de masas está transformando la forma de consumir la información y los contenidos. La personalización se impone y el acceso a vídeos o música bajo demanda está ganando cada año un mayor peso en la vida de muchos ciudadanos. De hecho, se calcula ya en cerca de 900 millones el número de usuarios dados de alta actualmente en todo el mundo en las principales plataformas de streaming y se espera que en poco tiempo se rebase el millardo. 

La tendencia es, por tanto, elegir qué ver y cuándo verlo en cada momento, en detrimento de la televisión tradicional basada en una programación fija y ya prevista con anticipación. Y la actual pandemia de Coronavirus (COVID-19) solo está acelerando este proceso evolutivo. Ante la necesidad de pasar más horas en casa, los ciudadanos con acceso a Internet han ocupado una gran parte de su tiempo de ocio en consumir programas, series y películas a través de la citada tecnología de streaming. 

Por ejemplo, según el informe Digital 2020: April Global Statshot Report realizado por Hootsuite y We Are Social, en estos últimos meses se ha apreciado en todo el mundo un incremento en un 57 % del empleo de este tipo de plataformas. Y, curiosamente, fue España el país donde se constató un aumento mayor, ya que en su caso el uso de esta tecnología para entretenerse y disfrutar de los contenidos favoritos creció en un 187 % 

En ActionsDATA nos apasiona la innovación y sabemos que para mantenernos como un actor competitivo en el mercado, es fundamental conocer e implantar las últimas y más eficientes tecnologías. Por eso, hemos hecho un análisis de cómo afecta el streaming al medio ambiente.

Las TiC, un factor a tener en cuenta a la hora de afrontar un problema global

Normalmente asociamos las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TiC) con algo benigno que nos está ayudando a cambiar el mundo hacia algo mejor. Pero la mayoría de los avances tecnológicos que se producen en este s.XXI requieren de un consumo energético, generalmente de tipo eléctrico. Y esto hace que su uso deje una inevitable huella ecológica 

Actualmente hay en todo el planeta una creciente concienciación medioambiental, porque el cambio climático lleva bastante tiempo haciéndose sentirPor ello, muchos de los principales gobiernos del mundo se están moviendo a favor de medidas que ayuden a frenar la emisión de gases de efecto invernadero y que permitan realizar una transición de los métodos de obtención de energía, desde los tradicionales contaminantes a otros verdes de tipo renovable. 

Sin embargo, todo este proceso no será sencillo de llevar a cabo mientras que la sociedad globalizada siga incrementando anualmente su consumo energético. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, este crecerá un 50 % a escala mundial entre 2018 y 2050, de forma que se presenta un problema global muy importante que requerirá de medidas para equilibrar las crecientes necesidades energéticas de las sociedades TiC con una producción energética limpia y 100 % renovable.  

¿Es realmente el streaming un nuevo problema ecológico?

Una vez llegados aquí, la pregunta que podemos hacernos es hasta qué punto contamina el uso de Internet y, en particular, el consumo de streaming. Se calcula que en este 2020 ya hay más de 20.000 millones de dispositivos conectados a la red de redes y que el número de usuarios de los mismos supera los 4.000 millones, por lo que es necesario precisar el impacto ecológico de todas estas actividades, para descubrir si esta tecnología en particular va a acabar siendo un elemento importante del problema que ya tenemos entre manos.  

Por lo pronto, los estudios recientes estiman que el IoT supone ya entre el 2 y el 4 % del total de emisiones de CO2 en todo el mundolo que equivale a la contaminación que produce la flota de Boeings 747. Y esta cifra no va a dejar de crecer, porque con su progresión actual, las cifras de ahora podrían acabar siendo entre 3 y 10 veces superiores para 2030 

Además, si concretamos un poco más, podemos observar cómo actividades aparentemente sencillas como escuchar música online tienen un tremendo impacto ecológico. Así lo concluyó la investigación The cost of music’ llevada a cabo por las Universidades de Glasgow y Oslo, ya que reflejó que en 2016 el consumo de streaming musical produjo, solo en Estados Unidos, 350 millones de kilogramos de gases de efecto invernadero. Algo totalmente comprensible, si se tiene en cuenta que el simple hecho de enviar un mail podría conllevar la emisión de 4 gramos partículas contaminantes. 

Y llegamos a lo relativo al streaming de vídeos. La ONG francesa The Shift Project asegura que actualmente este supone el 60 % de tráfico de Internet en todo el mundo y que genera 300 millones de toneladas de CO2 cada año, lo que implica el 1 % del total. Un dato del que apunta como responsables a las plataformas de pago más conocidas en la actualidad (34 %), al consumo pornográfico (27 %) y a los vídeos de Youtube (21 %). Y es que, al fin y al cabo, todos estos servicios bajo demanda requieren de 200.000 millones de Kilovatios (Kw) anuales para funcionar, tal y como señala la empresa eléctrica Eon. 

Actuar ya para tener un futuro mejor

Todo apunta que esta tendencia va a seguir incrementándose a corto y medio plazo. La propia think tank The Shift Project indica que anualmente el volumen de estas emisiones por streaming de vídeos crecerá en un 8 %, de forma que se hace necesario empezar a buscar soluciones. Principalmente, para evitar que el acceso a vídeos online acabe siendo un quebradero de cabeza más en la ya de por sí compleja ecuación para intentar atajar el cambio climático. 

Como explica Maxime Efoui, responsable del mencionado estudio, la clave está en que cada byte que se genera y se consume en Internet requiere viajar desde los Centros de Datos a los dispositivos, a través de cables, antenas y fibras ópticas. Un camino que necesita energía y que, por tanto, acarrea la emisión dióxido de carbono para su obtención. Por ello, aspectos como la refrigeración de estos Centros de Datos o su localización geográfica son factores importantes para facilitar las interconexiones digitales y para reducir el gasto energético que se realiza durante todo el proceso.  

Junto a ello, es necesario que tanto las instituciones públicas como privadas se impliquen de forma decisiva en la lucha contra el cambio climático y empiecen a dejar atrás el uso de combustibles fósiles por sus características contaminantes. El futuro pasa por el impulso de las energías renovables que son respetuosas con el Medio Ambienteasí como por la toma de grandes medidas, como el New Green Deal estadounidense o el ‘Pacto Verde europeo’, ya que estas pueden ser una buena forma de concienciar a todos de la necesidad de una actuación. 

De hecho, no podemos olvidarnos tampoco del papel que deberán jugar también los ciudadanos, porque este es un gran problema mundial que implica el compromiso de todas las personas. De ahí que gestos aparentemente pequeños – como apagar un dispositivo electrónico en vez de dejarlo en espera, hacer un consumo responsable de los servicios de Internet y de las mencionadas plataformas de streaming o fomentar el reciclado de materiales y productos – puedan acabar sumando de forma decisiva, para poder legar a las futuras generaciones un planeta sostenible y saludable. 

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